FEEDBACK: ¿POSITIVO-NEGATIVO? ¿BUENO-MALO?

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Pues hoy va de feedback

Os decía en el post anterior que me asombra el término feedback negativo y os cuento porqué.

Me parece que calificar el feedback según si es positivo o negativo, es verlo desde la óptica del bien y del mal, una óptica estrecha y sin muchas alternativas. Una óptica que limita el aprendizaje y el desarrollo, propio y ajeno.

Cuando doy feedback de algo que no me gusta (pidiéndole permiso al otro, claro!) y se lo digo mediante la fórmula “lo que a mí me pasa con esto que estás haciendo es…” estoy hablando de mí y no del otro.

Este enfoque ya es una revelación para muchos de nuestros clientes. Darte cuenta de que el feedback habla más del que lo da que del que lo recibe, permite poner énfasis en los propios sentimientos.

Al hablar de quién lo emite, además de permitir conocerle mejor, se puede sencillamente desechar si para el receptor no tiene sentido; o bien, si supone el descubrimiento de que alguna necesidad propia importante está en jaque, adoptar las medidas oportunas.

En el feedback nadie tiene razón, sólo se pone de manifiesto el sentir de otra persona, por lo que no se debería activar el recurso de justificarse, sino simplemente dar las gracias.

Silenciar un feedback supone quedarse con algo que, de alguna manera, no es propio.

Esto ya me lleva a pensar en que no estoy nada más que ofreciendo al otro una oportunidad de que escoja si éste es el efecto que quiere producir o no (al menos en mí) y a que lo pueda cambiar o no.

Esta oportunidad de cambio no la conoceríamos si no hubiéramos recibido un feedback.

¿Os parece que esto es negativo? A mí me parece, cuanto menos, generoso.

¿Qué pasaría si en las empresas pensáramos en que dar feedback no es ni positivo ni negativo si no más bien posibilitador para el desarrollo y el aprendizaje mutuo?

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