Liderar empieza por uno mismo

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LiderarseCuando te pones delante de un grupo para compartir una jornada de liderazgo, no puedes por menos que sentir una responsabilidad que va más allá del mero hecho de facilitar una formación.

¿Liderar a un equipo? Sí, cuando pensamos en liderar, pensamos en alguien que se pone “delante” de un equipo para que juntos, y de manera comprometida, vayan en una misma dirección y sentido hacia el reto que se proponen alcanzar.

Y digo yo, para liderar a otros hay un paso previo: liderarse a uno mismo.

Así que aquí me tenéis, en una fiesta de cumpleaños a la que habían invitado a mi hija, con los arneses puestos y la formación en “pongo mosquetón, cambio mosquetón de cable” hecha, dispuesta a alcanzar el reto de pasar las 20 pruebas lo mejor posible en un circuito de “tirolinas”, cables y demás aventuras.

Y estando colgada por las alturas, viendo la mejor manera de pasar cada una de las pruebas, me venía a la mente el taller de liderazgo.

Porque no habría podido llegar al final sin haber observado la prueba que tenía por delante, sin haber escuchado y sentido las propias capacidades y las instrucciones del monitor, sin aceptar y agradecer lo que otro “papá loco como yo” me sugería cuando mi cara era de “¿y ahora con este cable que hago?, sin haber puesto mi puntito de miedo al servicio de “primero un mosquetón y después el otro para estar siempre asegurada” y mi espíritu de superación al servicio de disfrutar de cada una de las pruebas; sin saberme vulnerable y pedir ayuda en momentos de ofuscación, sin tantas y tantas competencias que pocos días atrás había co-facilitado con mi compañera y compartido con aquel equipo de líderes que se había puesto en nuestras manos sin saber, a priori, si había red de sostén.

Con toda esta responsabilidad, respeto y disfrute, viví intensamente las dos experiencias, la de facilitar la jornada de liderazgo y la de cómo liderarme a mí misma.

Y no quiero acabar esta reflexión sin agradecer (también tarea del líder) a Marta y a Oriol la oportunidad de enfrascarme en este reto, a los demás papás de la fiesta por animarme y motivarme y estar al cuidado de mi hija mientras ella pasaba sus pruebas, a Emma y Marina por ser ejemplo de superación y alegría en su pre-adolescencia y a Espe, en particular, por dejarme las zapatillas de deporte.

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¿Cómo puede ser? (El cuento de nuestras expectativas)

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“Deberías saber porque estoy sufriendo”, pensaba la Sra. Expectativa. Ahí sentada al pie del árbol le pasaban las horas y su cabecita no paraba de darle vueltas a sus obviedades. Como el remolino de hojas que tenía a sus pies, así eran sus pensamientos. Daban vueltas y más vueltas. Se juntaban a ellos el resentimiento y la frustración. Y se repetía “¿Cómo puede ser que no lo vean?”

Y ella, la Sra. Expectativa, seguía ahí sentada en el suelo hecha un ovillo. Con un mar de lágrimas de impotencia bajando por sus mejillas.

Tan absorta estaba en su bucle de pensamientos, que no oyó que detrás de ella se movían unas ramas.

“¿Qué te pasa pequeña?”, de entre los árboles había aparecido el Sr. Compromiso. Y ahí, delante de ella, esperaba paciente a que se enderezara. Tenía los ojos tan llenos de lágrimas que casi no le veía.

“¿Quién eres?”- le preguntó.
“Soy tu amigo, el Sr. Compromiso”- contestó él.
“Y, ¿qué quieres?”- le dijo con la rabia típica de la impotencia.
“Querer, querer…”, dudó de si quería algo por unos momentos y enseguida, le planteó una petición. “Me gustaría que ahora mismo te levantaras, te lavaras la cara en este riachuelo y vinieras conmigo a pasear para contarte una historia. ¿Aceptas?”- le formuló él con gran naturalidad.

La Sra. Expectativa se levantó sin mucho ánimo y con voz trémula aceptó la oferta. Así, se dispusieron a caminar tranquilamente.

“Cuando era pequeño, estaba permanentemente enfadado, con mis padres, mis hermanos y hasta con mi profesor del colegio. A mí no me gustaba jugar a la pelota en el parque a la hora del recreo. Y ellos se empeñaban en decirme que no podía estar sentado en un rincón cuando los demás estaban divirtiéndose de lo lindo.

Yo no entendía nada, me decían que jugar a la pelota era divertido. No podía creerme que ellos, como yo, no vieran los moratones en las piernas de mis compañeros incluso alguna pelea a la que yo no veía sentido. En mi cabecita daban vueltas y más vueltas estas imágenes y mi miedo era cada vez mayor.

Hasta que un día, a un niño le salió sangre de la nariz por un pelotazo.

Ese día decidí contarles a mis padres que yo no quería jugar a la pelota porque no quería hacerme daño. Esta era mi verdadera necesidad, proteger mi cuerpo. Cuando fui capaz de expresarlo, todos entendieron mi actitud en el parque. Y yo me sentí muy aliviado. Desde ese momento fui capaz de sacar las canicas de la bolsa y jugar con dos niños más en el arenal. Aquello sí me divertía!”

Así es como pasé del sufrimiento de no saber porque los demás no entendían mi actitud a expresar con franqueza cuales eran mis necesidades y también mis miedos.

“Entonces – empezó la Sra. Expectativa-, si yo les cuento a los demás qué es lo que me está preocupando, ¿podrán ayudarme?”

“Cuando lo que necesitas sólo está en tu cabecita, los demás no pueden saberlo y por tanto, no pueden hacer nada. Si lo compartes y pides, entonces tienen la oportunidad de hacer algo. Eso si, cuando pides es necesario que estés dispuesta a que te digan que no.”

Y en silencio, siguieron andando, la Sra. Expectativa pensando en como lo haría para ocuparse de sus necesidades e imaginando conversaciones en las que el sufrimiento y la preocupación iban desvaneciéndose, incluso si le decían que no… ¡Ya encontraría otra posibilidad!

 

Sentir nuestro cuerpo, calmar nuestra mente. Movimiento, emoción, conciencia y acción.

Taller

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Las obligaciones, urgencias y modo de vida muchas veces hacen que no escuchemos a nuestro cuerpo.
En este taller, facilitado por Roxana Cabut y Different coaches, te proponemos conectar con tu cuerpo, tu vitalidad, tus sensaciones, tus emociones, es decir, con tu mundo interior.
El registro de tu cuerpo en movimiento y también en quietud, te ayudará a soltar tensiones, a abrir nuevos espacios que te permitirán sentir qué está vivo en ti. Podrás ver qué hay y qué falta para seguir, a posteriori, con tu crecimiento personal.
En el taller aprenderás a escuchar y comprender los mensajes que envía tu cuerpo, a alinearlos con tus pensamientos y que, así, cuerpo y mente trabajen juntos para ponerte en acción, superar barreras y alcanzar tus objetivos.
Trabajaremos en grupo apoyándonos y relacionándonos, desde el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
Y con sentido del humor, jugaremos para despertar nuestra creatividad y afianzar nuestro verdadero potencial.
Este taller está dirigido a todo el que quiera encontrar en su cuerpo la respuesta que le falta.

Indicaciones:

  • Ven con ropa cómoda que te permita libertad de movimientos.
  • Trae calcetines gordos y, si puede ser, antideslizantes.
  • Puedes traer una esterilla (tipo yoga) o una manta para el trabajo en el suelo y el relax.

Fecha: 27 de abril de 2017 de 19.00 a 21.00h
Lugar: Sant Hermenegild 30, Entl. 2ª (parada FFCC Pàdua o Pl. Molina/St. Gervasi)
Plazas: Máximo 12 personas
Precio: 20 € por persona.
Inscripciones: info@different-coaches.com

LOS LÍDERES, ¿MUESTRAN O DEMUESTRAN?

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Hay frases que te atrapan. Y te dan horas y horas de reflexión.

A mí me pasa a menudo. Claro! diréis, en una sesión de Coaching escuchas frases y frases dignas de reflexión. Sí, por supuesto, cada cliente trae infinitos regalos en forma de frase, de emoción y de pensamiento. Mi más profunda gratitud a tanto aprendizaje.

En este caso quiero compartir la reflexión acerca de una frase que no escuché en una sesión, si no en una conversación informal de amigos.

“He estado en unas jornadas demostrando mi liderazgo”.

Esta frase es la que me ha tenido atrapada y conmovida estos días.

Nos atrapa aquello que nos emociona, en este caso, me atrapó la tristeza que sentí al oírla.

De pronto me vino una imagen de competición en la que distintos “aprendices de líder” competían a ver quien ganaba en liderazgo y a la par, imaginé equipos de personas en las que su “líder” les demostraba cuan líder era, como si viese a un rey con sus vestimentas de terciopelo, en capas y más capas, y una corona dorada, pulcra y brillante, en lo alto de su cabeza sentado en un pedestal con los súbditos a una nivel inferior.

Sentí tristeza de ver que no se estaba dando cuenta de qué impacto podía tener esto en las personas de su alrededor, y a la vez ternura de poder mostrárselo como un espejo para que decidiera si quería demostrar o mostrar su liderazgo.

¿Qué hay detrás de querer demostrar algo a alguien?

Cuando algo necesita ser demostrado es que, de alguna manera, está en duda. La demostración nace, de alguna forma, de la inseguridad, de creencias como “no me valoran lo suficiente”, “me juego que dejen de valorarme”, “no me aprecian”, “no confían en mí” y, entonces, “debo demostrar que soy valioso, confiable”. Con la necesidad de ponerse en el escalón de arriba, para mirar hacia a bajo a los demás.

Y el líder, ¿es superior a los demás?

Pues una de las características que más definen a un líder, afortunadamente, es la humildad.

La humildad de no ser el que más sabe de todo, la humildad de ser vulnerable para poder estar al mismo nivel que los demás y equivocarse o acertar igual que todos, de regalar el espacio para que los demás decidan como llegar al objetivo que él mismo propone.

Cuando un líder muestra un sitio donde llegar, no manipula para que los demás se sientan obligados a ir por donde él dice, ni obliga. Lo comparte para que libremente los demás lo acojan como propio y caminen con las habilidades de cada uno al servicio del bien común.

Mostrar implica transparencia y espontaneidad, permite compartir una propuesta, sabiendo que es solo una más de las posibles, ni la única ni la mejor, con la fortaleza de la vulnerabilidad. Para así, poder escuchar y acoger otras y hasta construir una nueva con las propuestas de todos.

Mostrar se hace desde la autoestima y la plena aceptación de uno mismo.

Demostrar lleva tatuado el sello del ego, el ego que se alimenta de excesos y déficits, el que cree que su mundo es el mundo.

CODO CON CODO O A CODAZOS

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Hace millones de años, la humanidad vivía en un mundo de escasez donde para ganar uno, el otro debía perder. Si cazaba yo el animal, no lo cazabas tú, y viceversa. Se vivía en la lucha y el estrés. En el cuerpo reinaba la testosterona, hormona de la agresividad e impulsividad, la que nos lleva a conseguir las cosas a codazos.

Y este paradigma ha venido acompañándonos hasta nuestros días.

Entonces, ¿dónde se produce el cambio? Según la neurociencia (y comparto su opinión), el cambio se produce cuando somos capaces de darnos cuenta de que estamos en la era de la abundancia y de que si visualizamos nuestro entorno así, podremos hacer que lo que fluya por nuestro cuerpo sea la oxitocina, hormona que se libera con el contacto físico y social, es decir cuando en lugar de competir, cooperamos.

Sería como utilizar la preposición con en lugar de utilizar contra.

Beneficios de cooperar:

  • Permite compartir, nadie pierde, todos podemos ganar.
  • Fortalece la autoconfianza.
  • Disminuye el estrés.
  • Promueve la generosidad (la de dar y la de recibir).
  • Crea vínculos y aumenta la empatía.
  • Permite crear sinergias y hacer que uno más uno sea mayor que dos.
  • Da sentido de pertenencia y sensación de respaldo.

Este cambio, siendo bonito, no está libre de esfuerzo. El esfuerzo de hacer, pensar y sentir las cosas de forma diferente.

¿Te apuntas al reto de cooperar codo con codo? ¿Estás dispuesto a hacerlo aunque suponga un esfuerzo?

Si cada uno de nosotros pone su pequeño empeño en construir este nuevo paradigma, estoy segura de que lo lograremos. Y de que esto será como tirar una piedra al río y ver como las ondas se expanden cada vez más.

La parte por el todo: la eterna insatisfacción.

Autoestima

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Recientemente, en algunas conversaciones con personas de ámbitos muy distintos estoy observando un denominador común: coger la parte (la “negativa”) por el todo y no estar viendo el resto.

¿Para qué fijarse sólo en la parte “negativa”?

Seguramente podríamos pensar en ideas como “los resultados se logran cuando te castigas”, “no debemos creernos que somos buenos”, “el exceso de complacencia te lleva a no mejorar”, una serie de creencias que nos parece que justifican el que estemos viviendo las situaciones así.

La cuestión es que cuando escucho estos relatos, estoy escuchando mucho sufrimiento e insatisfacción.

Por ejemplo, alguno seguro que recuerda salir de un examen y sólo darle importancia a la pregunta que no había contestado bien. Y el malestar que sentía, sin darse cuenta de que de 10 preguntas sólo se estaba fijando en aquélla. Y lo mal que lo pasaba, aún cuando en el examen se obtendría una nota nada despreciable. Se le estaba dando toda la atención a un error y se estaba despreciando el resto, los 9 aciertos.

Poner foco en la parte en lugar de ver el todo, es una estrategia que lleva a un lugar de insatisfacción y sufrimiento, en lugar de llevar a un lugar de disfrute y celebración. ¿Quién no celebraría un 9 sobre 10?

Si aprendemos a darle importancia al todo, incluyendo errores y aciertos, seguramente nos daremos más oportunidad de celebrar y de disfrutar ambas cosas. Porque ambas nos sirven para seguir creciendo y mejorando, mantener nuestra autoestima y ser más ecuánimes con nosotros mismos y con los demás.

¿Qué estrategia utilizas tú para mantener tu autoestima a un nivel óptimo?

¿Te permites y mereces disfrutar de tus aciertos y de tus errores?

¿Cómo vives los errores de los demás? ¿Y sus aciertos?